La ITV desfavorable es el resultado de detectar defectos graves durante la inspección en el vehículo que comprometen su seguridad y, en algunos casos, generan un impacto negativo en el medio ambiente. Los defectos graves más habituales:
- Alumbrado y señalización: que las luces de delante estén mal orientadas, que alguno de los intermitentes no funcione o que esté fundida la luz de la marcha atrás.
- Sistema de frenado: en la ITV medimos la fuerza de frenado, concretamente su uniformidad y si hay diferencia entre ruedas de un mismo eje. Si alguno de esos parámetros falla —por desgaste de discos o pastillas, aceite que pierde presión o desigualdades entre las ruedas— el vehículo es rechazado.
- Neumáticos: que presenten un dibujo insuficiente (menos de 1,6 mm en el caso de los turismos) o un desgaste irregular o que se lleven modelos distintos en el mismo eje, suelen ser las causas más habituales de rechazo en los neumáticos.
- Dirección y suspensión: cuando las rótulas o los fuelles están dañados, pueden provocar holguras o fugas de grasa al girar el volante al máximo.
- Sistemas de escape: con frecuencia, las emisiones contaminantes son motivo de rechazo. Normalmente, por el vehículo emite más gases de los permitidos o tiene fugas en el escape.
Otros defectos significativos incluyen fugas de líquidos en motor o transmisión, fallos en los cinturones de seguridad, matrícula en mal estado o discrepancias entre el número de bastidor y la documentación. Estos defectos se consideran graves, y, por tanto, la ITV resulta desfavorable, lo que obliga a reparar los fallos y volver a presentar el vehículo en inspección.